Cornualles está en el extremo suroeste de Inglaterra. El mar determina el paisaje por tres lados. En muchos tramos la costa es escarpada e irregular, con calas que apenas se ven desde la carretera. Para llegar a algunas playas hay que caminar bastante primero. Al menos así no sale una carretera de paso en el fondo.
Hacia el interior cambia la imagen. Bodmin Moor tiene páramos abiertos, formaciones de granito y huellas de una ocupación mucho más antigua. Restos prehistóricos y vestigios mineros comparten el paisaje. Cornualles tiene más historia de la que sugiere una foto de playa de las vacaciones.
Entre minas y relatos de Arturo
La minería del estaño dejó una huella importante en Cornualles. Los antiguos edificios mineros y sus chimeneas forman parte del paisaje tanto como los acantilados. Aunque las máquinas hayan desaparecido, esas construcciones siguen siendo referencias claras.
Tintagel es conocido sobre todo por los relatos del rey Arturo. Esa relación pertenece a la leyenda, no a un lugar de nacimiento demostrado. El castillo medieval cuyas ruinas se conservan fue construido en el siglo XIII por encargo de Ricardo de Cornualles. Según English Heritage, la tradición artúrica existente influyó precisamente en su elección del lugar. El relato ya estaba allí antes de que se levantaran estos muros.
El clima marítimo proporciona inviernos relativamente suaves. En lugares abrigados pueden crecer plantas que no esperarías tan al norte. Eso no significa que siempre haga buen tiempo para fotografiar. Una costa abierta sigue siendo una costa abierta, con viento, lluvia y una luz que cambia deprisa.
Para una serie fotográfica se agradece esa variedad: una costa extensa no tiene que dar siempre una vista panorámica. Un muro, un edificio minero abandonado o un detalle de las rocas cuentan otra cosa de la misma región. Juntas, estas fotos forman mi impresión de Cornualles; no son una lista que haya que completar en un solo día de vacaciones.

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